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El “Payo”… y las vías chilenas para la memoria
Escrito por Jorge Montealegre   
Miércoles, 10 de Octubre de 2012 23:49

Escucho a “Payo” Grondona. Siempre he seguido sus canciones y en estos días lo escucho con más atención, especialmente “Canto de nuevo”, su “Balada doble” y la versión hecha en el exilio de “La Nelly y el Nelson”. En estos momentos, con aires conmemorativos, pienso en varias canciones urbanas de este porteño que ha leído Santiago como pocos. Recuerdo cuando le cantó al “Sindicato de esperadores de micros”, y su ya clásica y graciosa canción “Me diste mal la dirección”. Y la que es prácticamente un ensayo sobre la ciudad y el país, “La Circunvalación Américo Vespucio”, que la hace recorriendo esa avenida que rodea la ciudad, desnudando su segregación vergonzosa: “La circunvalación Américo Vespucio / tiene barrios limpios tiene barrios sucios / … al norte los pirulos al poniente los picantes… / al oriente negociados, al poniente cesantía… /  de la Escuela Militar al pupitre de Lo Hermida… / la circunvalación, tiene monumentos / al General Schneider y al caballo Huaso muerto / … que desprendimiento: / por una parte cuidan, por otra allanamiento /  La circunvalación, noche, tarde y día / con las contradicciones, de esta tierra mía”, etcétera. Es una canción de casi cinco minutos, que nos propone leer la ciudad y la simbología presente en ella, en la que muchas veces no reparamos.

Al respecto, con ecos de la melancolía de septiembre y otras penas,  recuerdo que el Presidente Allende (de quien “Payo” Grondona -antes del golpe- integró a sus canciones fragmentos de sus discursos) construyó la síntesis de su esperanza con la imagen: “se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre”; pensamiento que sería un epígrafe de gran pertinencia para leer el libro de la ciudad y su simbología. Cada uno tiene sus propias grandes alamedas a las cuales ponerle nombre y darles un sentido que no sea solamente el sentido del tránsito. ¿Da lo mismo cómo se llame el lugar por donde caminamos?, ¿ese lugar donde nos encontramos con el resto de los ciudadanos, con el sindicato de esperadores de micro?, ¿el lugar público por donde transitamos de la casa al trabajo… esos puntos de partida o de llegada donde están nuestros afectos familiares o laborales?, ¿nos importa que nuestra calle se llame de tal o cual manera?, ¿es casual?, ¿…o puede tener sentido preguntarnos por el nombre de las calles, que a veces llamamos arterias, como si recorriéramos un cuerpo que nos contiene a todos? Ciertamente, el olvido hace que muchos nombres, en el uso diario, no tengan más sentido que una señal caminera para no perdernos.

No sabemos por qué, en algún momento, ese nombre de persona mereció ser “nombre de calle”. Cuando se impone la indiferencia, como en un palimpsesto, podemos escribir otro nombre encima y nadie se sentirá violentado por ello. Las huellas débiles se borran y lo que no es recordado, se muere… o queda en un estado de latencia hasta que alguna contingencia lo actualiza y nos enteramos del origen de la nominación. Entonces, nos preguntamos qué tan justo o merecido o correcto es que tal o cual avenida lleve el nombre de un personaje determinado o de una fecha histórica. ¿De qué son evocadores esos nombres?

En nuestro país, el tránsito a la democracia no desmontó los dispositivos simbólicos que dejó la dictadura, incluso cuando la medida de lo posible lo permitía.

Aquí no hubo un derribamiento de estatuas, como se hizo en otros países, cuyas imágenes se convirtieron en la metáfora de la caída de los regímenes que representaban. Digamos también que no había estatuas que derribar y que el golpe se monumentalizó, no tanto por la vía del culto a la personalidad del dictador, sino por la vía de las desapariciones de íconos vinculados a la cultura de izquierda y sus reemplazos. Por ejemplo, en Chillán hubo un lugar al que los pobladores, por unanimidad en una asamblea, decidieron llamar “Violeta Parra”. Inmediatamente después del Golpe de Estado, la dictadura decidió llamar de otra manera a esa población. Se le impuso el nombre de un héroe de la batalla de la Concepción y pasó a llamarse “Población Luis Cruz Martínez”. La artista fue reemplazada por un militar “como una manera de hacer justicia a los valores propiamente nacionales y poner término a las designaciones políticas” (El Mercurio, Santiago, 2 de octubre de 1973). Esa fue, valga la paradoja, la política que se implantó. También se retiró el busto a Luis Emilio Recabarren de la Plaza Artesanos y se desarrolló la “operación limpieza” que blanqueó los muros de la ciudad para que no quedaran vestigios de “allendismo”.

Al final, es una demostración de poder y los diversos estados y gobernantes siempre querrán anclar su versión histórica en monumentos de recordación. Es legítimo, entonces, recuperar y reivindicar la presencia simbólica merecida, así como desmonumentalizar lo que no merece monumento. Por ello, debe ser exasperante para la Nelly y el Nelson, del querido “Payo”, pasear por Santiago y cruzar calles que se llaman “11 de Septiembre” o “Av. General Bonilla”. Claramente, en esos municipios están dando mal la dirección.

Jorge Montealegre, escritor e investigador de la Universidad.

 
Comentarios (2)
Comentario columna El “Payo”… y las vías chilenas para la memoria
2 Jueves, 11 de Octubre de 2012 21:49
María Eugenia Meza
Desmemoriados como somos, perdimos las batallas que nos impusieron designaciones, marcas en la ciudad, que nos remiten a ciertas realidades teñidas de sangre. La memoria personal me lleva a un día de agosto del 73, cuando en Providencia vi por última vez, en mucho tiempo, al Payo. Colgando como última uva del racimo, en una micro camino al oriente. Me hizo señas con la mano, a riesgo de caerse. Guardé esa imagen desde entonces hasta los 80, cuando Hugo Moraga se me apareció con él por la oficina del diario en que trabajaba. Gran cronista, el Payo. No quiero recordarlo postrado en una cama de hospital. Quiero tenerlo en la mente cantando en el Café del Cerro, la noche del recital de su regreso del exilio. Quiero tenerlo en la retina la tarde ¡tan lejana! de un día de 1969, cuando lo escuché cantar su magnífica El Bosco, en el Aula Magna de la Escuela de Derecho de la porteñísima sede de la U. de Chile. Gracias, Jorge, por tus reflexiones que echaron a andar la máquina de mi memoria.
El Payo
1 Jueves, 11 de Octubre de 2012 10:43
Carlos Cid Luengo
Quiero agregar algo más a los comentarios que hace Don Jorge sobre Payo y al ocultamiento o eliminación de los iconos del imaginario o identidad de la cultura que le eran incómodos a la dictadura.

En un país en que no teníamos una música y canto propio de la ciudad, Payo en su tiempo, fue el único en tratar la temática de los problemas existenciales del adulto urbano con una estética musical propia, incluso, fue muy criticado por sus colegas, por no ser un cantautor comprometido con el nuevo folclor, como lo entendían ellos.

El nombre original que se le dió a la Estación San Pablo de la Línea 1 del Metro fue Violeta Parra. El proyecto y construcción que se inició en el Gobierno de Don Eduado Frei y se continuó durante el Gobierno de Don Salvador Allende, durante todo ese périodo se mantuvo el nombre de Violeta Parra.
La inauguración del primer tramo de la Línea 1 fue un día de Septiembre del 1975, con el corte de la cintita por el Capitán General.

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