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Requisitos, colusión y complicidad con la PSU
Escrito por Sebastián Donoso   
Miércoles, 28 de Noviembre de 2012 09:15

Si usted es de los que considera que los talentos están igualmente distribuidos en la sociedad, que tampoco discrimina entre los niveles socioeconómicos, ni conoce de quintiles, es probable que forme  parte  de esa mayoría –en la  que  me incluyo- que está molesta, muy molesta al presenciar cómo, a lo largo del último tiempo, se ha estado validando una medida que atenta directamente contra la inclusión e integración de nuestra sociedad.

Existe una colusión evidente ante nosotros en materia de PSU, y que tiene que ver con su uso como un “requisito” para todo ámbito de cosas. Primero, para el acceso a becas, sean de arancel, de mantención, de alimentación, las que entregan los trabajos de los padres o la tan promocionada beca “Vocación de Profesor”; en fin, hoy todas se otorgan en base a un puntaje PSU mínimo, siendo la única excepción la Beca de Excelencia Académica BEA (enfocada en el rendimiento por colegio y nivel socioeconómico).

No contentos con lo anterior, ahora estamos sumando el puntaje PSU mínimo exigido como requisito para postular a la Carrera de Pedagogía. Como podemos ver, esta colusión que intento evidenciar no es de una empresa, como lo que vimos en las farmacias, aunque no podemos descartar que haya algún negocio indirecto encubierto, ya que es la tónica que se ha estado dando en todo ámbito de cosas en nuestro país (siendo los casos en educación los más lamentables).

Si ahondamos un poco y hablamos de responsabilidades en torno a esta situación, notaremos que existe una conveniente complicidad entre varios actores, que por cierto es algo que se viene suscitando hace varios años. En primer lugar, la responsabilidad recae en quienes han defendido férreamente este sistema de acceso a la Educación Superior, los pensadores y ejecutores de la PSU (sí, hablo del Demre, por ejemplo), así también complicidad tienen las autoridades de la Universidad de Chile y, por supuesto, los rectores que bien poco habían hecho hasta la inclusión del Ranking.

Se preguntarán, ¿por qué es tan perjudicial para la inclusión social en Educación Superior esta colusión y complicidad? Si miramos los datos que reflejan los puntajes PSU, podemos darnos cuenta, fácilmente, que es un reflejo de las desigualdad social en nuestro país. La lógica es la siguiente: los colegios municipales que reciben a estudiantes de menores recursos obtienen, en promedio, puntajes más bajos, le siguen los colegios particulares subvencionados que reciben a los sectores medios bajos y medios y para finalizar, los colegios particulares privados obtienen en promedio puntajes considerablemente más altos.
 
Con lo anterior tenemos a los estudiantes del nivel socioeconómico más alto entrando a la Educación Superior, principalmente a las universidades que hacen proceso de selección y que ponderan la PSU con un alto nivel de hegemonía, en gran cantidad y sin problemas. Y, por otra parte, tenemos a los estudiantes de nivel socioeconómico medio-bajo que ni siquiera cumplen con el requisito de puntaje PSU necesario para postular también en gran cantidad pero con muchos problemas.

Ahora, miremos la realidad hacia abajo de la recta de puntaje PSU. Los estudiantes de los quintiles más bajos, además de tener problemas para postular por su bajo puntaje, también lo tienen porque no alcanzan el requisito de puntaje mínimo PSU exigido para poder postular a una beca que ayude a financiar sus estudios. Con esto, simplemente quedarán fuera de la Educación Superior o de una Educación Superior de calidad, ya que estamos hablando de los estudiantes con menores recursos, para quienes una beca es la única opción de poder estudiar ya que la situación económica de sus familias no soporta crédito alguno (en caso de que las instituciones financieras se lo otorgaran, cosa que, siendo realistas, no ocurrirá).

Cada vez que una beca viene con un requisito enfocado en la PSU, hacemos la discriminación instantánea. Como consecuencia, el gobierno se asegura de que no gastará tantos recursos en becas. Son pocos los estudiantes, de aquellos que ya cumplen con el requisito de vivir en una situación vulnerable, que lograrán superar el requisito del puntaje mínimo.

Este sistema nos dice que no importa si aquellos jóvenes tienen las capacidades y vocación de estudiar pedagogía o alguna otra carrera profesional. Que no importa si a pesar del riesgo social en el que día a día se vio envuelto, estuvo dentro de los mejores de su clase, obteniendo, por ejemplo, un promedio sobre seis, demostrando que es capaz de aprovechar de buena forma las pocas y limitadas oportunidades que la sociedad le entrega. Sin considerar todo ese esfuerzo, le negamos un futuro más justo ya que su colegio público (abandonado por el Estado) fue incapaz de entregarle los conocimientos mínimos para poder obtener un puntaje PSU que le abriera las puertas, y su familia, incapaz de pagar un preuniversitario.

Así, todos los años miles de estudiantes y familias, que se esfuerzan durante toda su vida en base a las oportunidades que el Estado entrega, deben pagar el costo del sistema que tiende a la segregación, viendo sus sueños y su esfuerzo coartados por derechos que no están siendo reconocidos.

Con lo anterior, también reforzamos lo que algunos se han negado a ver: la PSU no refleja calidad. El valor predictivo de un mal puntaje en la prueba es casi ínfimo. Con ello quiero decir que hay malos puntajes que son buenos alumnos, y esto se ha comprobado en diversos programas como el Propedéutico en la U. de  Santiago, donde los estudiantes muchas veces no superan los 400 puntos y aún así son excelentes alumnos, esto en base a que obtienen su título oportunamente y con buenos promedios.
 
La segregación la vemos en muchas aspectos; cada día tenemos elementos que la avalan y de manera silente hay muchos que omiten su corrección. Espero algún día abramos los ojos y dejemos de ser cómplices de esta colusión.

Por Sebastián Donoso, presidente Federación de Estudiantes de la U. de Santiago.

 

 

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